¿Cómo se convirtió Catar en intermediario confiable de EE. UU., Rusia, Israel y Hamás?

“En materia de mediación diplomática en los conflictos del mundo de hoy, todos los caminos conducen a Doha, la capital de Catar”, le dijo a EL TIEMPO a inicios de esta semana un diplomático de la Unión Europea en París. Los hechos lo confirman: el gobierno del emirato ha sido clave para pactar la tregua que permitió, durante más una semana, el intercambio de un centenar de rehenes israelíes secuestrados por Hamás en los salvajes ataques del 7 de octubre, por cerca de 250 palestinos detenidos en Israel.

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Doha, su capital, se ha convertido en el escenario de viajes relámpago del secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken; del jefe de los servicios secretos de Israel (Mossad), David Barnea, y del ministro de Exteriores de Irán, Hussein Amir Abdollahian, para entrevistarse con el muy hábil primer ministro y ministro de Exteriores catarí, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, de la misma familia del poderoso emir Tamim bin Hamad Al Thani, que gobierna el emirato desde hace 150 años.

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También son frecuentes las visitas a esta península en el corazón del golfo Pérsico de altos dignatarios de Arabia Saudita, del gobierno talibán de Afganistán, de diplomáticos egipcios, de enviados especiales de la Unión Europea y de responsables de la Autoridad Palestina.

Nada demuestra mejor la destreza diplomática de las autoridades del emirato que el hecho de albergar la base Al Udeid, el centro militar estadounidense más importante en Oriente Próximo, con 13.000 efectivos del Ejército y un puñado de bombarderos B-52 con capacidad nuclear, al mismo tiempo que sirve de sede al jefe supremo del grupo terrorista Hamás, Ismail Haniye, y a su equipo de colaboradores.

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Rehenes

Fotografías de las personas secuestradas o asesinadas por militantes de Hamás en Israel.

Para David Roberts, catedrático del londinense del King’s College, el rol de Catar ha sido posible porque “así se lo han pedido Estados Unidos e Israel (…) Es el actor ideal porque tiene buenas relaciones” con todas las partes. En declaraciones a El Mundo de Madrid, Roberts sostuvo hace pocos días que la mediación para la tregua en Gaza “va en línea con la política exterior que quiere desempeñar Catar desde hace años (…) por encima de otras potencias” de la región y del mundo.

En lo que va del siglo, el emirato ha intercedido –y se ha anotado varios éxitos– en los principales conflictos de la región: la invasión a Irak, las guerras en Siria y Eritrea, el conflicto del Sahel en el centro de África, el retiro de las tropas estadounidenses y europeas de Afganistán, y la liberación de presos occidentales en Irán, entre otros.

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Pero el alcance de sus gestiones diplomáticas va más allá: intervino entre Kiev y Moscú para que Rusia le devolviera a Ucrania un grupo de niños que retuvo tras el inicio de la invasión ordenada por Vladimir Putin, en febrero de 2022. De hecho, en mayo pasado, el primer ministro de Hungría, Víktor Orban, propuso a Catar como mediador para pactar una tregua entre Rusia y Ucrania, como primer paso hacia unas negociaciones de paz.

odesa

Zona industrial dañada tras un ataque ruso en Odesa.

El poder de la chequera

A tan activa y por momentos eficaz actuación, ayuda el gigantesco poderío económico del pequeño emirato, de apenas 11.500 kilómetros cuadrados y menos de 3 millones de habitantes, con un PIB per cápita que ronda los 100.000 dólares anuales, uno de los más altos del planeta.

Con reservas de petróleo que superan los 15.000 millones de barriles y deben durarle cuatro décadas, posee además el 14 por ciento de las reservas mundiales de gas natural, lo que lo convirtió en gran proveedor de Occidente tras la suspensión de gran parte de las exportaciones de Rusia por cuenta de la guerra en Ucrania.

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Gracias a esa inagotable chequera, desde hace varios años Catar paga la nómina de funcionarios altos y medios de la Autoridad Palestina, destina una docena de millones de dólares al mes para otorgar ayudas a medio millón de habitantes entre los más pobres de la Franja de Gaza, así como para sostener allí hospitales y escuelas.

Fuentes occidentales se inquietan porque esos dineros terminen en manos de Hamás y sirvan para financiar sus actividades terroristas, pero Catar se defiende alegando que esa financiación es coordinada por intermedio de agencias de Naciones Unidas e incluso del Gobierno israelí.

Catar ganó importancia en 2006 cuando Hamás ganó las elecciones en Gaza y, en especial, cuando se impuso en el terreno, barrio a barrio de la Franja, a Fatah.

“Catar ganó importancia en 2006 cuando Hamás ganó las elecciones en Gaza y, en especial, cuando se impuso en el terreno, barrio a barrio de la Franja, a Fatah (la facción palestina que había dominado por décadas el área), porque como Doha tenía comunicación con Hamás, Washington le pidió que intercediera”, le explicó a EL TIEMPO un diplomático europeo familiarizado con las gestiones cataríes.

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Bajo el liderazgo del emir Tamim bin al Thani, Catar ha consolidado su influencia gracias a al menos tres grandes ejes: el canal de televisión internacional Al Jazeera (hoy un gigantesco grupo multimedia), la ONG Catar Foundation y la Copa Mundial de fútbol 2022.

Con un préstamo inicial de 137 millones de dólares de la familia del emir, Al Jazeera comenzó a operar en 1996 como un canal de noticias en lengua árabe por suscripción. Hoy cuenta con 70 oficinas en el mundo –una red solo superada por la BBC– y aparte de los servicios televisivos de media docena de canales, cuenta con varias plataformas de internet en media docena de idiomas.

Copa Mundial de la FIFA Catar 2022

Copa Mundial de la FIFA Catar 2022

Foto:

Visa

El papel de Al Jazeera en el cubrimiento de la primavera árabe de inicios de la década pasada, le generó a Catar agrios enfrentamientos con varios Gobiernos vecinos que temían las consecuencias de los levantamientos populares. Tiempo después, esos Gobiernos acusaron a Doha de patrocinar grupos radicales como los Hermanos Musulmanes, que derrocaron al mandatario egipcio Hosni Mubarak.

Para 2017, incómodos con la influencia de Al Jazeera y por la supuesta financiación catarí de grupos terroristas, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Egipto, entre otros países de África y Medio Oriente, activaron un bloqueo de comunicaciones y transportes contra el emirato.

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La crisis se resolvió en 2021 en un pulso que los analistas internacionales reconocieron como un triunfo de Catar, que puso en evidencia su poderío económico y militar, así como su influencia ante la opinión pública mundial y en el universo diplomático.

La ONG Catar Foundation ha sido otro instrumento de influencia. Aparte de numerosos programas en su país y en el mundo, patrocinó con 30 millones de dólares anuales al club de fútbol Barcelona entre 2011 y 2016, cuando el equipo alineaba a Lionel Messi, Neymar y Luis Suárez, la inolvidable delantera que en 2015 ganó la Champions League, la liga española y la Copa del Rey. Además, un grupo catarí es dueño del club francés PSG, que ha ganado nueve de los últimos 11 torneos nacionales.

Mundial Qatar 2022

Fotografía del trofeo de una representación del trofeo del Mundial de Fútbol en la inauguración del campeonato Qatar 2022.

Foto:

EFE/ Rodrigo Jiménez

Pero el verdadero peso de Catar en el fútbol se hizo sentir cuando ganó la sede de la Copa Mundial 2022, en medio de grandes controversias por acusaciones de sobornos a los miembros del comité de la Fifa que asignaba la sede.

Las críticas también vinieron por la violación de los derechos humanos de los trabajadores extranjeros, en especial de India, Bangladesh y Nepal, que llegaron desde inicios de la década pasada para trabajar en la construcción de estadios, vías, hoteles y demás instalaciones vinculadas al torneo.

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Una investigación del diario británico The Guardian tasó la cifra en 6.500 trabajadores fallecidos y decenas de miles más lesionados de alguna gravedad en esos años. La organización del evento llegó a reconocer más de 500 muertes, la mayoría vinculada a las altísimas temperaturas bajo las que laboraban, al aire libre y bajo el sol, los obreros en los meses de verano.

A pesar de estos debates, que llevaron a Amnistía Internacional a emitir un durísimo informe contra las autoridades cataríes, el mundial se celebró y resultó un éxito, con una de las finales más emocionantes de la historia, que marcó la consagración del astro argentino Messi. Y también, en cierto modo, la de Catar.

Lo que viene

La analista Maria Sosa, de El País de Madrid, explicó hace pocos días el sentido de la apuesta de Catar por la diplomacia y la mediación, y escribió que, de hecho, la mediación es para el emirato “una política de Estado”, por demás consagrada como tal en la Constitución de 2003.

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Según el catedrático y arabista Ignacio Álvarez-Osorio, de la Complutense de Madrid, cuando Hamad bin Al Thani, padre del actual emir, accedió al poder en los años 90, “quiso poner al país en el mapa”, y para ello buscó liberarse de “la tutela de Arabia Saudita” y “plantear una política exterior diferenciada”.

Rehenes

Vehículos de la Cruz Roja transportan rehenes israelíes liberados por Hamás.

Pero como los propios resultados han puesto alta la vara con que será medido de ahora en adelante el emirato, los expertos le asignan dos retos nada fáciles de superar. El primero, activar una nueva tregua entre Israel y Hamás que no sea solo para un intercambio de prisioneros, sino que lleve al inicio de negociaciones que vinculen a la Autoridad Palestina y a la comunidad internacional en la búsqueda del objetivo trazado por los acuerdos de Oslo: la existencia de dos Estados, Palestina e Israel.

El obstáculo es que, hoy en día, Hamás sigue sin estar abierto a aceptar que Israel exista, y a su vez, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, rechaza la idea de un Estado palestino.

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Eso por no mencionar el otro desafío: sentar en una mesa de negociaciones de paz a Rusia y a Ucrania, algo que parece aún más inalcanzable, pero que el solo hecho de haber sido sugerido por líderes, como el húngaro Orban que piensan que Catar puede lograrlo, habla del posicionamiento de un país del que nadie hablaba hace dos décadas y que hoy está en el mapa como gran mediador de los conflictos en el mundo.

MAURICIO VARGAS LINARES
ANÁLISIS PARA EL TIEMPO

mvargaslina@hotmail.com​

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